Ante las “ráfagas de ametralladora y ensalada de tiros” la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se tiró en plancha “tras la mesa de recepción del hotel Taj-Majal, escuchando los silbidos de las balas sobre mi cabeza. Después tuve que atravesar el laberinto de cocinas, lavanderías, despachos de directores, salón de bodas, buscando una salida que no encontraba ... Aquello, fue una odisea, iba descalza, saltando sobre charcos de sangre.... Estába muy preocupada, porque pensaba que los terroristas podrían entrar en el hotel e ir a por los que allí estábamos.... Después llegaron los agobios y atascos hasta llegar al aeropuerto”.
Todo esto lo contó (los entrecomillados son textuales) en una improvisada rueda de prensa, vestida con falda y blusa de estar por casa.
-"Yo llevaba unas alpargatas que perdí en el momento que tuve que tirarme al suelo. Estuve descalza todo el tiempo. Hasta al aeropuerto llegué descalza, pero recordé que tenía unos zapatos de vestir en una bolsa y entonces me los puse. Pero al llegar a la escala que hicimos en pista, donde hacía tres grados bajo cero, quitarme los calcetines del avión me parecía un atentado. Entonces, así llegué a Barajas. La verdad es que no pensé ello. A lo mejor se ponen de moda los calcetines sandalia". Es decir, que estando en la cincuentena, llevaba aspecto de niña-pija con calcetinitos blancos. Así lo cuenta, como si fuera una aventura, sintiéndose Rambo o Indiana Jones, pero no dice que salió huyendo, dejando en la estacada a sus acompañantes empresarios. Para Espe aquello debió ser el “¡sálvese quien pueda”! o “¡en retiradaaaa! o como se decía en la mili, “¡maricón el último”!
Después de tres días ya van 155 muertos y más de 300 heridos. La odisea no es una broma.En este caso no ha ocurrido como en el mar, donde el capitán es el último en abandonar el barco.
Fuera de estos gastos están los viajes al extranjero que no los paga la real casa, sino el Ministerio de Asuntos Exteriores y el mantenimiento de los palacios y residencias reales, entre ellos la Zarzuela y Marivent, que lo cubre Patrimonio Nacional. Eso si la real casa deberá pagar a los, nada menos, 139 funcionarios, que son los llamados “criados” de antaño.
A estos “dinerillos” se suman este año otros 3,3 millones de €, que le concede el Gobierno para “redecorar la real casa”. Seis empresas privadas harán los “arreglillos”, entre ellos, los jardines y la piscina.
El 20% de Repsol lo posee la inmobiliaria Sacyr Vallehermoso y el 10% Criteria, empresa de la Caixa. La Sacyr de De Rivero está endeudada hasta las narices y quiere sanearse vendiendo su 20%. El presidente de Repsol, Bruffau encontró hace un mes un comprador en la rusa Lukoil y se empezó a negociar para que la Caixa fuera quien prestara el dinero a la rusa para la compra. Pero esta operación se ha frustrado.
Putin y el rey de España tienen una relación, por lo menos, amistosa. En 2006 fue invitado por Putin a Sochi para la caza del oso Mitrovan, que previamente había sido emborrachado, pero ya había habido otras visitas en 2005, 2002 y 2001, todas ellas privadas.
Es que Felipe ha cambiado… ¿Dónde está aquella chaqueta de pana, que se ponía en los mítines y que se le subía hasta el estómago cuando levantaba el puño izquierdo, cantando “La Internacional”, aquella chaqueta gestionada cariñosamente por su esposa en el economato del barrio?
¡Felipe, el de los 100 años de honradez, el de la corrupción, el de los derechos humanos y los 27 asesinatos del GAL, el de “la cultura del pelotazo”, el de las entradas-salidas de la OTAN, el señor X …! En 1997 se retiró a cuidar bonsáis, hasta que le nombraron presidente del “Grupo de Reflexión” sobre el futuro de Europa.
Felipe no fue un Suarez. Suarez hizo más en menos tiempo, vio el futuro con claridad, mientras González no quiso ver los rincones oscuros de la corrupción y el terrorismo. Suarez creyó que España era una casa que había que modernizar, mientras que para González España era una casa para utilizar. A mí me gustaba el Felipe de antes del 82.
Ahora, Carmen y Felipe han partido las peras.
La verdad es que Zapatero lo tenía difícil. El obstáculo era el animoso Bush. El presidente norteamericano le tenía a raya, marcado, le trataba con desdén desde aquella precipitada retirada por la puerta de atrás, casi sin avisar, de las tropas españolas de Irak. Zapatero le salió rana a Bush, no era igual que aquel Josémary Aznar dócil y fiel, al que le ponía la mano sobre el hombro y no decía nada.
Mientras Zapatero se iba preparando por España para la cumbre de “los veinte”, yendo de demagogo progre, preparando su teoría de que “es tiempo para políticas socialdemócratas” y amenazando con aquello de que “habrá que echar por tierra las ideologías neoliberales y neocon-servadoras, que han llevado a EE UU al epicentro de la crisis”, Bush y Sarkozy y Merkel lo tenían claro: había que renovar, refundar el capitalismo, nada de sustituirlo.